“En lugar de protegernos, nos señalan. Yo no soy una amenaza. Soy una madre que quiere encontrar a su familia”: Edith Pérez, colectivo Voz y Dignidad por los nuestros.
ALICIA GUEVARA MÉNDEZ
PORTHADAINFORMATIVA.COM
12 ABRIL 2025
En México, cuando alguien desaparece, no se activa ningún protocolo eficiente. Se activa el abandono, y Edith Pérez Rodríguez lo aprendió a golpes de tierra, con más de tres décadas frente a grupo en Tamuín, San Luis Potosí. En 2012, su vida dio un vuelco irreversible: cinco miembros de su familia desaparecieron en la autopista 85, rumbo a Texas. Nunca volvieron. Nunca más una llamada. Nunca más un rastro.
Entre los desaparecidos iban sus dos hijos —Alexis, de 16, y José Arturo, de 20—, su sobrina, su sobrino y su hermano. Todos levantados en Ciudad Mante, Tamaulipas. Edith dejó su vida cotidiana y se convirtió en buscadora. No por elección. Por supervivencia.
DE LA VIDA A LA FOSA

En noviembre del 2014, mientras el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa daba el discurso de arranque de la construcción del Libramiento Valles-Tamuín, en el municipio de Ciudad Valles, de entre la multitud Edith, con cartel en mano gritó: “Perdone que lo interrumpa, mi único afán es encontrar a mi familia, está desaparecida desde el 14 de agosto del 2012… los levantaron en Ciudad Mante, Tamaulipas”
En México, nadie te busca. Eso lo repite Edith como una verdad incómoda. Aquí, las madres se convierten en forenses, peritos, rastreadoras. Desde el 2015, fundó el colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros SLP, hoy con más de 400 familias en su red. Su lucha no es simbólica: cada semana se adentra en montes y brechas, en búsqueda de fosas clandestinas. En Ciudad Valles, San Luis Potosí, han encontrado terrenos usados como centros de exterminio. Huesos calcinados. Ropa de niños. Fragmentos de cuerpos enterrados a menos de un metro.
Ahí, donde la Fiscalía no llega, Edith y otras madres sí. Con varillas, con picos. Sin respaldo estatal. Sin chalecos antibalas. Sin miedo.
LA TRINCHERA ESTÁ EN VALLES

En 2024, el colectivo localizó restos humanos en un predio de Ciudad Valles. El hallazgo reveló un patrón: cuerpos quemados, evidencia de hornos improvisados, señales claras de ejecución y ocultamiento sistemático. La autoridad llegó tarde. No preservó la escena. No abrió carpetas de investigación efectivas. “Nuestros hijos no eran criminales, eran estudiantes, trabajadores, personas con sueños”, dice Edith.
La violencia en esta zona se ha intensificado. Ciudad Valles no solo es paso de migrantes: es también un campo de guerra silenciosa donde las desapariciones no dejan de acumularse. En Tamuín, hay al menos 80 casos sin resolver. En la región, se registran en promedio 12 desapariciones forzadas a la semana.
EL PRECIO DE BUSCAR
La búsqueda tiene consecuencias. En abril de 2023, durante una visita presidencial a Soledad de Graciano Sánchez, Edith fue clasificada como “foco rojo” en una agenda de seguridad. No por representar un peligro, sino por atreverse a alzar la voz. Lo denunció públicamente:
“En lugar de protegernos, nos señalan. Yo no soy una amenaza. Soy una madre que quiere encontrar a su familia”.
No cuenta con escoltas ni subsidios. Vive de su pensión. Y, aun así, ha conseguido lo que el Estado no ha podido: identificar restos, acompañar a otras familias, y exponer la impunidad.
RUIDO INTERNACIONAL

La historia de Edith fue documentada en el filme Ruido, estrenado en Netflix en 2023. El documental conmovió al público en San Luis Potosí y en países como Argentina, Guatemala y México, donde se mantuvo semanas en el Top Ten. Pero la fama no encontró justicia: sus familiares siguen desaparecidos.
UN PAÍS SIN RESPUESTAS
El Registro Nacional de Personas Desaparecidas contabiliza más de 114 mil casos en México. En regiones como El Mante, Tamaulipas, o Xicoténcatl, el patrón se repite: personas que intentaban cruzar al norte, personas comunes, desaparecen sin dejar rastro. En San Luis Potosí, la situación no es distinta. Los números suben. Las respuestas no.
Detrás de cada cifra hay una historia como la de Edith. Una mujer que cambió los cuadernos por las palas, que dejó las aulas para buscar en los montes, que enseña con su ejemplo lo que el gobierno no quiere ver: que, en este país, para buscar justicia, hay que ensuciarse las manos.
Hoy, Edith multiplica el coraje. Suma esfuerzos. Resta miedo. Y sigue, cada día, desenterrando la verdad.
“Dios nos hacen más fuertes para salir a gritar que ellos viven; que ellos están desaparecidos más no muertos, y exponer que el Gobierno tiene un compromiso con todos ellos, aparezcan, que nos los entreguen con o sin vida, pero que nos los lleven a casa”.
